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Monday Sep 25, 2023
Monday Sep 25, 2023
El evangelio de Jesucristo ofrece la liberación del cautiverio espiritual. Sin embargo, en ocasiones hay personas que, tras experimentar la libertad del Evangelio, se apartan de él y se “qu[ieren] volver a esclavizar” (Gálatas 4:9). Esto es lo que estaban haciendo algunos santos de Gálatas: alejarse de la libertad que Cristo les había ofrecido (véase Gálatas 1:6). La epístola de Pablo a los gálatas fue, entonces, un llamado urgente a regresar a “la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1). Nosotros también necesitamos escuchar y obedecer este llamado porque, aun cuando las circunstancias cambian, la lucha entre la libertad y el cautiverio es constante. Tal como enseñó Pablo, no es suficiente que “a libertad [seamos] llamados” (Gálatas 5:13); debemos, además, “[permanecer] firmes” en ella (Gálatas 5:1), confiando en Cristo.

Sunday Sep 24, 2023
Sunday Sep 24, 2023
¿Qué haría si se enterara de que una congregación de santos en otro lugar estuviera sufriendo por la pobreza? Esa fue la situación que describió Pablo a los santos de Corinto en 2 Corintios 8–9. Esperaba persuadir a los santos de Corinto a que donaran algo de su abundancia a los santos necesitados, pero, más allá del pedido de donativos, las palabras de Pablo también contienen verdades profundas acerca del acto de dar: “Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). En la actualidad, aún hay santos en todo el mundo que necesitan ayuda. A veces, lo único que podemos hacer por ellos es ayunar y donar ofrendas de ayuno. En otros casos, nuestra dádiva puede ser más directa y personal. Independientemente de cómo hagamos nuestros sacrificios, merece la pena examinar nuestras motivaciones al dar. ¿Son nuestros sacrificios expresiones de amor? Después de todo, el amor es lo que hace al dador alegre.

Monday Sep 11, 2023
Monday Sep 11, 2023
"En ocasiones, ser un líder de la Iglesia implica tener que decir algunas cosas difíciles. Esto era tan cierto en los días de Pablo como lo es hoy en día. Parece ser que en una carta previa a los santos de Corinto, él expresó amonestaciones que hirieron algunos sentimientos. En la carta que llegó a ser 2 Corintios, Pablo intentó explicar lo que le había motivado a usar palabras severas: “Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuánto amor tengo para con vosotros” (2 Corintios 2:4). Cuando usted es quien recibe la amonestación por parte de un líder, definitivamente le ayuda el saber que esa amonestación es inspirada por un amor semejante al de Cristo. Y aun en los casos en que no lo fuera, si estamos dispuestos a ver a los demás con la clase de amor que sentía Pablo, es más fácil responder apropiadamente a cualquier ofensa. Como nos aconsejó el élder Jeffrey R. Holland: “De modo que sean tolerantes con las flaquezas humanas, tanto con las propias así como con las de aquellos que sirven con ustedes en una Iglesia dirigida por voluntarios, hombres y mujeres mortales. Excepto en el caso de Su Hijo Unigénito perfecto, Dios se ha tenido que valer de gente imperfecta” (“Creo”, Liahona, mayo de 2013, pág. 94)."

Monday Aug 28, 2023
Monday Aug 28, 2023
Ven, Sígueme con Pepe Valle | 1 Corintios 1–7 | Que estéis perfectamente unidos

Monday Aug 28, 2023
Monday Aug 28, 2023
"En los tiempos de Pablo, Corinto era un próspero centro de intercambio comercial cuyos habitantes provenían de todo el Imperio Romano. Habiendo tantas diferentes culturas y religiones en la ciudad, los miembros de la Iglesia de Corinto tenían dificultades para mantener la unidad, por lo que Pablo procuró ayudarles a encontrar unidad en su creencia en Cristo. Dicha unidad debía ser más que una simple coexistencia pacífica; Pablo no les pedía solamente que tolerasen las diferencias que había entre ellos. Más bien, les enseñó que, cuando nos unimos a la Iglesia de Jesucristo, somos “bautizados en un cuerpo” donde cada miembro de este es necesario (1 Corintios 12:13). Cuando se pierde un miembro, es como perder una extremidad, lo que resulta en un cuerpo debilitado. Cuando un miembro sufre, todos debemos sentirlo y hacer nuestra parte para aliviarlo. En este tipo de unidad, no solo se reconocen las diferencias sino que se valoran, porque si no hubiera miembros con diversos dones y capacidades, el cuerpo estaría limitado. Bien sea que en la Iglesia usted siempre se haya sentido como en su casa o que se pregunte si realmente pertenece a ella, el mensaje de Pablo para usted es que la unidad no es la uniformidad. Usted necesita la compañía de los santos y ellos le necesitan a usted."

Monday Aug 07, 2023
Monday Aug 07, 2023
Para el momento en que Pablo escribió su epístola a los miembros de la Iglesia de Roma, que eran un grupo diverso de judíos y gentiles, la Iglesia de Jesucristo había crecido y ya no era un reducido grupo de creyentes de Galilea. Unos 20 años después de la resurrección del Salvador, había congregaciones de cristianos en casi todo lugar al que los Apóstoles podían viajar, incluso en Roma, la capital de un poderoso imperio. Aun así, en comparación con lo vasto del Imperio romano, la Iglesia era pequeña y a menudo objeto de persecución. Aunque algunos bajo tales condiciones podrían sentirse “averg[onzados] del evangelio de Cristo”, Pablo no se sentía así, por supuesto. Sabía y testificaba que el verdadero poder, el “poder de Dios para salvación”, se halla en el evangelio de Jesucristo (Romanos 1:16).

Monday Jul 31, 2023
Monday Jul 31, 2023
“… [C]uando estamos en la obra del Señor”, prometió el presidente Thomas S. Monson, “tenemos derecho a recibir Su ayuda” (“Aprendamos, hagamos, seamos”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 62). Sin embargo, no tenemos derecho a tener un camino fácil y un flujo de éxitos sin fin. Para prueba de ello basta el apóstol Pablo. El mandato que recibió del Salvador era: “…[L]levar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). En los capítulos 22–28 de Hechos, vemos a Pablo cumpliendo este mandato y afrontando gran oposición: cadenas, encarcelamiento, maltrato físico, naufragios y hasta una mordida de serpiente. Asimismo vemos que “… se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo” (Hechos 23:11). Las experiencias de Pablo son un recordatorio inspirador de que el llamado del Señor de “declarar [Su] evangelio con el son de regocijo” viene con esta promesa: “Elevad vuestros corazones y alegraos, porque yo estoy en medio de vosotros” (Doctrina y Convenios 29:4–5; véase también Mateo 28:19–20).

Sunday Jul 23, 2023
Sunday Jul 23, 2023
"Entre las últimas palabras que el Señor impartió a Sus Apóstoles, se hallaba este mandamiento: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:19–20). Si bien los Apóstoles no alcanzaron a ir a todas las naciones, Hechos 16–21 muestra que Pablo y sus compañeros llevaron a cabo un notable progreso en el establecimiento de la Iglesia. Ellos enseñaron, bautizaron y confirieron el don del Espíritu Santo. Efectuaron milagros, incluso levantaron a un hombre de entre los muertos, y predijeron la Gran Apostasía (Hechos 20:7–12, 28–31). Y la obra que ellos iniciaron continúa hoy día con Apóstoles vivientes, junto a devotos discípulos como usted, que ayudan a cumplir con el mandato del Salvador de maneras que Pablo jamás pudo imaginar. Quizás usted sepa de personas que no conocen al Padre Celestial ni Su evangelio. Quizás usted haya sentido que “su espíritu se enardecía” por compartir con ellos lo que sabe acerca de Dios (Hechos 17:16). Si sigue el ejemplo de humildad y valentía de Pablo al compartir el Evangelio, podría encontrar a alguien a quien “el Señor le [ha abierto] el corazón” (Hechos 16:14).

Monday Jul 17, 2023
Monday Jul 17, 2023
Durante Su ministerio terrenal, Jesucristo con frecuencia rebatía tradiciones y creencias que las personas habían tenido durante mucho tiempo. Aquello no dejó de suceder después de que ascendió al cielo, pues continuó guiando Su Iglesia mediante la revelación. Por ejemplo, durante la vida de Jesús, Sus discípulos predicaron el Evangelio solo a sus compatriotas judíos; pero poco después de la muerte del Salvador y de que Pedro se convirtiera en el líder de la Iglesia en la tierra, Jesucristo le reveló que había llegado el momento de predicar el Evangelio a quienes no eran judíos. La idea de compartir el Evangelio con los gentiles no nos sorprende hoy en día; entonces, ¿qué lección podemos aprender nosotros de ese relato? Quizás una de las lecciones sea que, tanto en la Iglesia antigua como en la moderna, el amoroso Salvador guía a Sus líderes escogidos (Amós 3:7; Doctrina y Convenios 1:38). La revelación continua es una señal crucial de la Iglesia de Jesucristo verdadera y viviente. Al igual que Pedro, debemos estar dispuestos a aceptar la revelación continua y vivir “de toda palabra de Dios” (Lucas 4:4), que comprende “todo lo que [Él] ha revelado, todo lo que actualmente revela” y los “muchos grandes e importantes asuntos” que ha de revelar “pertenecientes al reino de Dios” (Artículos de Fe 1:9).

Monday Jul 10, 2023
Monday Jul 10, 2023
Si alguien parecía ser una persona con pocas probabilidades de convertirse, quizás ese era Saulo, un fariseo que tenía la reputación de perseguir a los cristianos. Así que, cuando el Señor le dijo a un discípulo llamado Ananías que buscara a Pablo y le ofreciera una bendición, es comprensible que Ananías se sintiera renuente. “Señor”, dijo él, “he oído de muchos acerca de este hombre y de cuántos males ha hecho a tus santos” (Hechos 9:13). Pero el Señor conocía el corazón de Saulo y su potencial, y tenía una misión en mente para Saulo: “… instrumento escogido me es este para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). Ananías obedeció, y cuando se encontró con quien había sido un perseguidor, le llamó: “Hermano Saulo” (Hechos 9:17). Si Saulo pudo cambiar completamente, y Ananías pudo aceptarlo sin reserva alguna, ¿deberíamos considerar a alguien, o incluso a nosotros mismos, como personas difíciles de cambiar?








