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Friday Jul 07, 2023
Friday Jul 07, 2023
¿Se ha preguntado alguna vez lo que habrá estado pensando y sintiendo Pedro, junto con los demás apóstoles, mientras tenían “los ojos puestos en el cielo” en tanto que Jesús ascendía hacia Su Padre? (Hechos 1:10). La Iglesia que había establecido el Hijo de Dios estaba ahora al cuidado de Pedro. La labor de dirigir la obra para “hace[r] discípulos a todas las naciones” recaía en Pedro (Mateo 28:19), pero si él se sentía insuficiente o tenía temor, no hallamos ninguna evidencia de ello en el libro de Hechos. Lo que sí hallamos son ejemplos de su valiente testimonio y conversión, de sanaciones milagrosas, de manifestaciones espirituales y de un significativo crecimiento de la Iglesia. Seguía siendo la Iglesia del Salvador, y seguía siendo dirigida por Él. De hecho, el libro de los Hechos de los Apóstoles también podría llamarse los Hechos de Jesucristo por medio de Sus Apóstoles. Guiado por el Espíritu en abundancia, Pedro ya no era el pescador sin instrucción que Jesús halló a orillas del mar de Galilea, ni era el hombre angustiado que unas pocas semanas antes había llorado amargamente por haber negado que conocía a Jesús de Nazaret.
En el libro de Hechos podrá leer poderosas declaraciones acerca de Jesucristo y de Su evangelio; y verá, además, cómo ese Evangelio puede transformar a las personas, incluso a usted, en los valientes discípulos que Dios sabe que pueden ser.

Tuesday Jun 27, 2023
Tuesday Jun 27, 2023
"Para muchos observadores, la muerte de Jesús de Nazaret pudo haber parecido un final irónico de una vida extraordinaria. ¿No era aquel el hombre que había levantado a Lázaro de entre los muertos? ¿No había resistido las amenazas de muerte de los fariseos una y otra vez? Había demostrado tener poder para sanar la ceguera, la lepra y la parálisis. Los vientos mismos y los mares le obedecían; sin embargo, allí estaba, colgado en la cruz, declarando: “Consumado es” (Juan 19:30). Debe haber habido algo de sorpresa en las palabras de mofa: “A otros salvó, pero a sí mismo no puede salvarse” (Mateo 27:42). Pero nosotros sabemos que la muerte de Jesús no era el final de la historia. Sabemos que el silencio del sepulcro fue temporal y que la obra de salvación de Jesucristo solo estaba comenzando. A Él no se lo halla hoy en día “entre los muertos” sino entre los vivos (Lucas 24:5). Sus enseñanzas no serían silenciadas, puesto que Sus leales discípulos predicarían el Evangelio en “todas las naciones”, confiando en Su promesa de que Él estaría “con [ellos] todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19–20)."

Tuesday Jun 27, 2023
Tuesday Jun 27, 2023
"Para muchos observadores, la muerte de Jesús de Nazaret pudo haber parecido un final irónico de una vida extraordinaria. ¿No era aquel el hombre que había levantado a Lázaro de entre los muertos? ¿No había resistido las amenazas de muerte de los fariseos una y otra vez? Había demostrado tener poder para sanar la ceguera, la lepra y la parálisis. Los vientos mismos y los mares le obedecían; sin embargo, allí estaba, colgado en la cruz, declarando: “Consumado es” (Juan 19:30). Debe haber habido algo de sorpresa en las palabras de mofa: “A otros salvó, pero a sí mismo no puede salvarse” (Mateo 27:42). Pero nosotros sabemos que la muerte de Jesús no era el final de la historia. Sabemos que el silencio del sepulcro fue temporal y que la obra de salvación de Jesucristo solo estaba comenzando. A Él no se lo halla hoy en día “entre los muertos” sino entre los vivos (Lucas 24:5). Sus enseñanzas no serían silenciadas, puesto que Sus leales discípulos predicarían el Evangelio en “todas las naciones”, confiando en Su promesa de que Él estaría “con [ellos] todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19–20)."

Tuesday Jun 27, 2023
Tuesday Jun 27, 2023
"Hoy en día la llamamos la “Última Cena”, pero no sabemos si los discípulos de Jesús se daban cuenta, cuando se reunieron a celebrar la festividad anual de la Pascua, de que esa sería su última comida con su Maestro antes de la muerte de Él. Jesús, sin embargo, sabía “que su hora había llegado” (Juan 13:1). Pronto afrontaría el sufrimiento de Getsemaní, la traición y la negación de Sus amigos más cercanos, y una atroz muerte en la cruz. Mas, a pesar de que todo aquello era inminente, Jesús no se centró en Sí mismo, sino en ministrar a Sus discípulos. ¿Qué necesitarían saber en los días y años venideros? Las tiernas enseñanzas de Jesús que se encuentran en Juan 14–17 revelan lo que Él siente por Sus discípulos, en ese entonces y ahora. Entre las muchas verdades reconfortantes que compartió se hallaba la afirmación de que, en cierto sentido, jamás nos dejará. “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Juan 15:10)."

Tuesday Jun 27, 2023
Tuesday Jun 27, 2023
Solamente hubo tres testigos terrenales del sufrimiento de Jesucristo en el Jardín de Getsemaní, y estuvieron dormidos la mayor parte del tiempo. En aquel jardín y luego en la cruz, Jesús tomó sobre Sí los pecados, los dolores y los sufrimientos de cada persona que haya vivido, aunque casi nadie de los que vivían en ese momento supieran lo que estaba pasando. Los acontecimientos más importantes de la eternidad suelen ocurrir sin recibir mucha atención del mundo, pero Dios el Padre lo sabía. Él escuchó las súplicas de Su fiel Hijo: “… Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” (Lucas 22:42–43). Aunque nosotros no estuvimos presentes para atestiguar ese acto de altruismo y sumisión, somos testigos de la expiación de Jesucristo. Cada vez que nos arrepentimos y recibimos el perdón de nuestros pecados, cada vez que sentimos el poder fortalecedor del Salvador, podemos testificar de lo que ocurrió en el Jardín de Getsemaní.

Sunday May 28, 2023
Sunday May 28, 2023
El día antes de morir, Jesús dio a Sus discípulos algo para que lo recordaran: “… [T]omó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre” (Mateo 26:26–28).
Aquello sucedió hace unos 2000 años, en un lugar que la mayoría de nosotros nunca veremos, en un idioma que pocos de nosotros podemos entender. Sin embargo, ahora, cada domingo en nuestros lugares de reunión, los poseedores del sacerdocio autorizados para actuar en el nombre de Jesucristo hacen lo que Jesucristo hizo aquella vez. Toman pan y agua, los bendicen y nos los dan a cada uno de nosotros, los discípulos de Él. Es un acto sencillo, pues no hay nada más sencillo ni fundamental que comer pan y beber agua, pero ese pan y esa agua son sagrados para nosotros, ya que nos ayudan a recordarlo. Son nuestra manera de decir: “Jamás lo olvidaré”, y no solamente: “Jamás olvidaré lo que he leído sobre Sus enseñanzas y Su vida”. Más bien, decimos: “Jamás olvidaré lo que Él hizo por mí”. “Jamás olvidaré que me rescató cuando clamé rogando ayuda”. Y: “Jamás olvidaré Su compromiso para conmigo y mi compromiso para con Él, ni el convenio que hemos hecho”.

Monday May 22, 2023
Monday May 22, 2023
"A los discípulos de Jesús debe haberles parecido alarmante Su profecía: el poderoso templo de Jerusalén, el centro espiritual y cultural del pueblo judío, sería destruido hasta el punto de que “no quedará […] piedra sobre piedra”. Naturalmente, los discípulos quisieron saber más. “¿[C]uándo serán estas cosas?”, preguntaron ellos, “¿y cuál es la señal de tu venida?” (José Smith—Mateo 1:2–4). La respuesta del Salvador reveló que la gran destrucción que vendría sobre Jerusalén —una profecía que se cumplió en el año 70 d. C.— sería relativamente menor comparada con las señales de Su venida en los últimos días. Cosas que parecen ser más firmes que el templo de Jerusalén resultarían ser pasajeras: el sol, la luna, las estrellas, las naciones y el mar. Incluso “serán conmovidos los poderes del cielo” (José Smith—Mateo 1:33). Si estamos espiritualmente alerta, esta conmoción nos puede enseñar a poner nuestra confianza en algo verdaderamente permanente. Tal como Jesús lo prometió: “… [P]asarán el cielo y la tierra; sin embargo, mis palabras no pasarán […], y el que atesore mi palabra no será engañado” (José Smith—Mateo 1:35, 37)."

Sunday May 14, 2023
Sunday May 14, 2023
Andando desde Betania a Jerusalén, el Salvador tuvo hambre, y una higuera a lo lejos parecía ser una fuente de alimento. Mas al acercarse Jesús al árbol, halló que no tenía fruto (véanse Mateo 21:17–20; Marcos 11:12–14, 20). En cierto modo, la higuera era semejante a los líderes religiosos hipócritas de Jerusalén: sus enseñanzas vacías y sus demostraciones exteriores de santidad no brindaban nutrición espiritual. Los fariseos y los escribas parecían guardar muchos mandamientos, no obstante, incumplían los dos mandamientos más grandes: amar a Dios y amar a tu prójimo como a ti mismo (véase Mateo 22:34–40; 23:23).
En cambio, muchas personas habían comenzado a reconocer buenos frutos en las enseñanzas de Jesús. Al llegar a Jerusalén, lo recibieron con ramas cortadas de los árboles, las que tendieron por Su camino, regocijándose de que finalmente, tal como decía una antigua profecía, “tu rey viene” (Zacarías 9:9). Durante la lectura de esta semana, piense en los frutos de las enseñanzas y del sacrificio expiatorio del Salvador en su vida, y en cómo puede “lleva[r] mucho fruto” (Juan 12:24).

Sunday May 14, 2023
Sunday May 14, 2023
"Si tuviera la oportunidad de hacer una pregunta al Salvador, ¿qué le preguntaría? Un cierto joven rico le hizo la siguiente pregunta en la primera conversación que tuvo con Él: “¿[Q]ué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16). En Su respuesta, el Salvador reconoció las buenas cosas que el joven había hecho y lo alentó amorosamente a hacer más. Cuando reflexionamos sobre nuestra posibilidad de alcanzar la vida eterna, quizás nos preguntemos si hay algo más que deberíamos estar haciendo. Cuando hacemos la pregunta, a nuestra manera: “¿Qué más me falta?” (Mateo 19:20), el Señor puede darnos respuestas tan personales como Su respuesta al joven rico. Sea lo que sea que el Señor nos pida hacer, llevar a la práctica Su respuesta siempre requerirá que confiemos más en Él que en nuestra propia rectitud (véase Lucas 18:9–14) y que “reciba[mos] el reino de Dios como un niño” (Lucas 18:17; véase también 3 Nefi 9:22)."

Thursday May 04, 2023
Thursday May 04, 2023
En la mayoría de las situaciones, tener 99 de cada 100 se consideraría algo excelente, pero no es así cuando se trata de los amados hijos de Dios (véase Doctrina y Convenios 18:10). En este caso, una sola alma que falte merece que se haga una búsqueda exhaustiva y desesperada “hasta que [se] la halle” (Lucas 15:4), tal como enseñó el Salvador en la parábola de la oveja perdida. Entonces podrá comenzar el regocijo, ya que “[o]s digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7). Si aquello pareciera injusto, nos será útil recordar que, en verdad, no hay nadie que “no necesit[e] de arrepentimiento”. Todos necesitamos que se nos rescate; y todos podemos participar en el rescate, y regocijarnos juntos por cada alma que se salve (véase Doctrina y Convenios 18:15–16).








