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Tuesday Dec 05, 2023
Tuesday Dec 05, 2023
Poco después de Su resurrección, el Salvador pronunció una profecía que debe haber sido inquietante para Pedro. Predijo que Pedro moriría como mártir a causa de su fe, pues le “llevar[ían] a donde no qu[erría] […], dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios” (véase Juan 21:18–19). Años después, cuando Pedro escribió sus epístolas, sabía que su profetizado martirio se acercaba: “… [D]entro de poco tengo que dejar este, mi tabernáculo, como nuestro Señor Jesucristo me lo ha declarado” (2 Pedro 1:14). Sin embargo, las palabras de Pedro no transmiten temor ni pesimismo; más bien, enseñó a los santos a “alegra[rse]”, aun cuando fueran “afligidos con diversas tentaciones”. Les aconsejó que recordaran que “la prueba de [su] fe” conduciría a “alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo sea manifestado” y a “la salvación de [sus] almas” (1 Pedro 1:6–7, 9). La fe de Pedro debe haber sido un consuelo para aquellos primeros santos, así como resulta alentadora para los santos de la actualidad, quienes también somos “participantes de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria [n]os regocij[emos] con gran alegría” (1 Pedro 4:13).

Tuesday Dec 05, 2023
Tuesday Dec 05, 2023
En ocasiones, un solo versículo de las Escrituras puede cambiar el mundo. Santiago 1:5 parece ser un simple consejo: Si necesitas sabiduría, pídela a Dios. Mas cuando José Smith, con 14 años, leyó ese versículo, este “[p]areció introducirse con inmenso poder en cada fibra de [su] corazón” (José Smith—Historia 1:12). Siendo inspirado de esta manera, José obedeció la admonición de Santiago y procuró sabiduría de Dios mediante la oración; y efectivamente, Dios se la concedió abundantemente, y José recibió una de las visitaciones celestiales más notables de la historia: la Primera Visión. Esa visión cambió el curso de la vida de José y condujo a la restauración de la Iglesia de Jesucristo sobre la tierra. Todos nosotros somos bendecidos en la actualidad gracias a que José Smith leyó Santiago 1:5 y actuó en consecuencia.
¿Qué encontrará usted al estudiar de la epístola de Santiago? Quizás un versículo o dos cambien su vida o la de algún ser querido. Podría hallar guía para cumplir su misión en la vida. Hallará motivación para hablar con amabilidad y ser más paciente. Tal vez se sienta inspirado a hacer que sus acciones sean más acordes con su fe. Sea cual sea la inspiración, permita que esas palabras se “introdu[zcan] […] en cada fibra de [su] corazón”. Y entonces, cuando “recib[a] con mansedumbre la palabra”, como escribió Santiago, sea un hacedor de la palabra y no tan solamente oidor (véase Santiago 1:21–22).

Tuesday Dec 05, 2023
Tuesday Dec 05, 2023
¿Ha intentado alguna vez expresarle a otra persona lo que ha sentido durante una experiencia espiritual poderosa? El lenguaje cotidiano puede resultar insuficiente para describir los sentimientos y las impresiones espirituales. Quizás sea esta una de las razones por las que Juan empleó tantas imágenes y tanto simbolismo para describir su majestuosa revelación. Podría haber dicho simplemente que había visto a Jesucristo, pero para ayudarnos a entender su experiencia, describió al Salvador empleando expresiones tales como: “sus ojos [eran] como llama de fuego”, “de su boca salía una espada aguda de dos filos” y “su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza” (Apocalipsis 1:14–16). A medida que lea el libro de Apocalipsis, trate de descubrir los mensajes que Juan quería que usted aprendiera y sintiera, aun cuando no entienda el significado de cada símbolo. ¿Por qué habrá comparado las congregaciones de la Iglesia con candeleros, a Satanás con un dragón y a Jesucristo con un cordero? En definitiva, usted no tiene que entender cada símbolo del Apocalipsis para comprender sus importantes temas recurrentes, así como su tema principal más prominente: Jesucristo y Sus seguidores triunfarán sobre los reinos de los hombres y de Satanás.

Monday Nov 27, 2023
Monday Nov 27, 2023
Cuando Juan y Judas escribieron sus epístolas, ya había doctrina corrompida que había comenzado a llevar a muchos santos a la apostasía. Algunos falsos maestros incluso cuestionaban si Jesucristo realmente se había aparecido “en carne” (véanse, por ejemplo, 1 Juan 4:1–3; 2 Juan 1:7). ¿Qué podría hacer un líder de la Iglesia en tal situación? El apóstol Juan respondió dando su testimonio personal del Salvador: “Hermanos, este es el testimonio que damos de lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (Traducción de José Smith, 1 Juan 1:1, [en nota a al pie de página de 1 Juan 1:1]). Y luego Juan enseñó sobre el amor: el amor de Dios por nosotros y el amor que nosotros debemos tener por Él y por todos Sus hijos. Después de todo, Juan fue testigo de ello también; él había experimentado en persona el amor del Salvador (véanse Juan 13:23; 20:2), y quería que los santos sintieran ese mismo amor. El testimonio y las enseñanzas de Juan sobre el amor son igual de necesarios hoy en día, cuando la fe en Jesucristo se cuestiona y las falsas enseñanzas abundan. Leer las epístolas de Juan puede ayudarnos a afrontar las adversidades actuales con valor, pues “[e]n el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Monday Nov 06, 2023
Monday Nov 06, 2023
A veces, hasta los santos fieles sufren “vituperios y tribulaciones” que les pueden hacer perder su confianza (véase Hebreos 10:32–38). Pablo se enteró de que los judíos convertidos al cristianismo experimentaban graves persecuciones a causa de su nueva religión. Para alentarlos a permanecer fieles a sus testimonios, les recordó la larga tradición de creyentes fieles de su propia historia: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, José, Moisés: una “nube de testigos” de que las promesas de Dios son reales y que vale la pena esperar por ellas (Hebreos 11; 12:1); dicha tradición también le pertenece a usted. Ese legado de fe lo comparten todos los que tienen “puestos los ojos en Jesús [como] el autor y consumador de la fe” (véase Hebreos 12:2). Gracias a Él, cada vez que la adversidad nos hace querer “v[olver] atrás”, podemos, más bien, “acer[carnos] con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (véase Hebreos 10:22, 38). Para nosotros, así como para los santos de la antigüedad, Jesucristo es nuestro “sumo sacerdote de las cosas buenas por venir” (Hebreos 9:11).

Monday Oct 30, 2023
Monday Oct 30, 2023
Cada uno de nosotros tiene que renunciar a algo a fin de aceptar el evangelio de Jesucristo: malos hábitos, creencias incorrectas, amistades malsanas u otras cosas. Para los gentiles de la iglesia cristiana primitiva, la conversión a menudo significaba abandonar los dioses falsos. Sin embargo, para los hebreos (los judíos), la conversión resultaba si no más difícil, acaso un poco más complicada. Después de todo, las creencias y tradiciones que tanto valoraban estaban fundadas en la adoración del Dios verdadero y en las enseñanzas de Sus profetas, que se remontaban miles de años en el tiempo. Sin embargo, los apóstoles enseñaban que la ley de Moisés se había cumplido en Jesucristo y que una ley superior era ahora la norma para los creyentes. ¿Significaría entonces que para aceptar el cristianismo los hebreos debían renunciar a sus antiguas creencias y a su historia? La epístola a los hebreos buscaba aclarar esos interrogantes enseñando que la ley de Moisés, los profetas y las ordenanzas eran importantes, pero que Jesucristo era superior (véanse Hebreos 1:1–4; 3:1–6; 7:23–28). De hecho, todas esas cosas señalan hacia Cristo y testifican de Él como el hijo de Dios y el Mesías prometido que los judíos habían estado aguardando.

Sunday Oct 22, 2023
Sunday Oct 22, 2023
Ven, Sígueme con Pepe Valle | 1 y 2 Timoteo; Tito; Filemón | Sé ejemplo de los creyentes.

Monday Oct 16, 2023
Monday Oct 16, 2023
En Tesalónica, Pablo y Silas fueron acusados de “alborota[r] el mundo” (Hechos 17:6). Su predicación hizo enojar a ciertos líderes de entre los judíos, y dichos líderes incitaron alborotos entre el pueblo (véase Hechos 17:1–10). Como resultado, se aconsejó a Pablo y Silas que saliesen de Tesalónica. A Pablo le preocupaban los nuevos conversos tesalonicenses y la persecución que afrontaban, pero no pudo volver a visitarles. Les escribió: “… no pudiendo soportar más, he enviado para informarme de vuestra fe”. Como respuesta, Timoteo, quien ayudaba a Pablo y había estado sirviendo en Tesalónica, “nos dio buenas nuevas de vuestra fe y amor” (1 Tesalonicenses 3:5–6). De hecho, los santos tesalonicenses eran conocidos como ejemplo “a todos los que han creído” (1 Tesalonicenses 1:7), y las novedades sobre su fe se esparcieron por otras ciudades. Imagine el gozo y el alivio de Pablo al enterarse de que su obra entre ellos “no fue en vano” (1 Tesalonicenses 2:1). Pablo sabía que la fidelidad pasada no era suficiente para la supervivencia espiritual en el futuro, y temía la influencia de falsos maestros entre los santos (véase 2 Tesalonicenses 2:2–3). Su mensaje a ellos y a nosotros es que continuemos “complet[ando] lo que falta a [n]uestra fe” y “que abund[emos] en [amor] más y más” (véanse 1 Tesalonicenses 3:10; 4:10).

Monday Oct 09, 2023
Monday Oct 09, 2023
Pablo escribió sus epístolas a los filipenses y a los colosenses mientras se hallaba en la cárcel en Roma. Sin embargo, estas cartas no reflejan el tono que uno podría esperar de alguien que está prisionero. Pablo habló más acerca del gozo, del regocijo y de la gratitud que de aflicciones y problemas. Él dijo: “… Cristo es anunciado; y en esto me regocijo, y aún me regocijaré” (Filipenses 1:18). “Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante, en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando […] la firmeza de vuestra fe en Cristo” (Colosenses 2:5). Ciertamente, “la paz de Dios” que Pablo experimentó en sus difíciles circunstancias “sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7), y era una realidad, a pesar de todo. En nuestras pruebas, podemos sentir esa misma paz y “[r]egocija[rnos] en el Señor siempre” (Filipenses 4:4). Al igual que Pablo, podemos confiar completamente en Cristo “en quien tenemos redención” (Colosenses 1:14). Tal como Pablo, podemos decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13; véase también Colosenses 1:11).

Monday Oct 02, 2023
Monday Oct 02, 2023
Cuando el Evangelio comenzó a extenderse por Éfeso, causó “un alboroto no pequeño” (Hechos 19:23) entre los efesios. Los artesanos locales que fabricaban santuarios para una diosa pagana vieron en el cristianismo una amenaza para su medio de vida, y rápidamente “se llenaron de ira […] y la ciudad se llenó de confusión” (véase Hechos 19:27–29). Imagínese ser un nuevo converso al Evangelio en esas circunstancias. Muchos efesios aceptaron y vivieron el Evangelio en medio de ese “tumulto” (Hechos 19:40), y Pablo les aseguró que “Cristo […] es nuestra paz” (Efesios 2:13–14). Esas palabras, junto con su invitación a dejar “toda amargura, y enojo, e ira, y gritos, y maledicencia” (Efesios 4:31) parecen tan pertinentes y reconfortantes ahora como lo fue en ese entonces. Para los efesios, así como para cada uno de nosotros, la fortaleza para afrontar la adversidad se encuentra “en el Señor, y en la fuerza de su poder” (Efesios 6:10–13).








